Cuando el tiempo pasa la rutina va tejiendo su telaraña por encima de ciertas parejas, cada integrante pasa a ver esta rutina como un problema de la pareja. Pero los problemas de pareja son problemas personales que se expresan en la relación. Cuando estoy contigo y me aburro la respuesta inmediata, la que más tranquilo me deja es, vos me aburrís, ya no sos la misma (o ya no sos el mismo).
Sin embargo, para no confundirnos, lo que primero deberíamos hacer es observar que sucede con nosotros, con la manera que estamos construyendo nuestra vida y comprobar si no estamos siendo los artífices de nuestro aburrimiento o de nuestro agobio.
Solemos estar tomados por las ansias de progreso, de éxito pero, qué está sucediendo realmente en nuestro interior, suele pasar que en todo ese camino vamos perdiendo de vista el alma y cuando eso sucede la vida se vuelve gris y eso incluye a la pareja.
El camino es ver que está pasando con nuestra vida. Si realmente estamos donde nos place,. hacemos lo que queremos, o vamos donde realmente queremos ir. No es fácil contestar a este interrogante. Muchas veces estamos tomados por los proyectos y metas que nuestra sociedad o nuestro propio ego nos impone, entonces nos decimos: “Debería estar contento ya que hago lo que debo, lo que siempre quise hacer”. Pero no solemos ver qué parte de nuestro interior queda atrás por conseguir las “loables metas”.
Si vivimos atiborrados de objetivos, es probable que vayamos perdiéndonos de vista a nosotros mismos, entonces, cuando las metas se cumplen, no nos proporcionan el alimento que esperábamos. Los logros materiales llegan pero el aburrimiento igual aparece. Surge entonces una conclusión inevitable: Si tenemos todo para ser felices y no lo somos, la que no funciona es la pareja.
La búsqueda de un tercero, un amante, es una de las salidas a este tipo de crisis. Lo nuevo de la relación (y lo prohibido) sacuden la rutina pero lo que sucede es que un amante, no sólo nos saca de la rutina de la pareja, sino que nos sacude de la rutina de nuestra vida. Y aquí puede ocurrir una confusión fatal, porque lo que realmente puede estar sucediendo es que lo que nos aburre o nos agobia no es la pareja sino la vida que estamos llevando.
Necesitamos tomarnos el tiempo para observar si la vida que llevamos, en todos sus aspectos, llena nuestra alma. No es un asunto fácil. Cumplir con logros económicos, avanzar laboralmente, o escalar en la posición social da cierta satisfacción, pero se trata de una satisfacción superficial. Es necesario saber que sucede con la verdadera felicidad, es decir, indagar que pasa en lo más profundo de nuestro interior, preguntarnos si respetamos a ultranza nuestras necesidades, si fuimos fieles a nosotros mismos o “vendimos” esa parte a cambio de una comodidad superficial.
Seguramente nos llevó mucho tiempo y esfuerzo armar la estructura que armamos y da mucho miedo salir de la coraza de “protección” que nos proporciona. Recuperar la libertad de decidir sin ningún mandato desafía nuestra “seguridad”, por eso necesitamos apelar a toda nuestra valentía si decidimos vivir como sentimos.
Mientras tanto, a medida que nos alejamos de nuestro centro, por mas logros externos que tengamos, la vida misma, para nosotros, toma una tonalidad opaca y aburrida y dentro de esa vida está nuestra pareja. Cuando eso sucede solemos persistir en la misma receta y buscamos afuera poniéndonos nuevas metas o buscando a “otro” que nos traiga aquello que nos falta.
Solo cuando recuperamos la libertad de decidir, cuando nos acercamos a nuestro sentir, descubrimos nuestros aspectos creativos y podemos animarnos a bailar, escalar, o quizás conmovernos tan solo al contemplar la brillantez de un color. Sólo entonces podremos saber si hay encuentro o no con nuestra pareja, si realmente nos aburre o es nuestro aburrimiento y nuestro agobio el que nos martiriza.
Antes de mirar a nuestra pareja, necesitamos mirar a todos los aspectos de nuestra vida, para que cuando lleguemos al final del camino no tengamos que decir como lo hizo el gran Jorge Luis Borges: “Cometí el peor pecado de mi vida, no ser feliz”.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario